Eclipse

Mediados de junio de 2011.
Se anunció un eclipse de luna y decidí probar suerte, aunque esto de la fotografía tiene un bajo porcentaje de suerte y hay que estar siempre preparado, como dijo Picasso: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando.”
Digo probar suerte en el sentido técnico, ya que desde que coqueteo con la fotografía no había tenido la posibilidad de fotografiar un eclipse de luna, y no tenía nada claros los parámetros técnicos que debía utilizar.
Así que, trípode en una mano, cámara al cuello y mochila con demás artilugios fotográficos, me dirigí a la playa de Pinedo. Según llegaba al paseo, veía movimiento, había ambiente. Por un lado no era extraño, ya que en verano se llena de gente con sus mesas, neveras, sillas… y cenan “a la fresca”, pero por otro lado, era un día entre semana, sobre las 23h, al día siguiente había que ir al trabajo.
Pronto me di cuenta que no era al único que se le había ocurrido ir a fotografiar el eclipse. Cuando me encontré en pleno paseo, vi que había mucha gente cenando y muchos de ellos tenían sus equipos fotográficos al lado… un trípode por aquí, otro más allá, unos esperando, otros ajustando parámetros, otros probando exposiciones…

La noche no nos lo iba a poner fácil, estaba nublado y hacía aire. Llegué un tanto desorientado, no veía la luna, de hecho no era el único, todos andaban preguntando donde estaba.
Poco a poco las nubes empezaron a ser menos densas, y entre una y otra pudimos ver su resplandor. Con mucha paciencia había que esperar un claro entre tanta nube… aunque no lo tuvimos nada fácil. Las nubes empezaron a dispersarse a medida que avanzaba el reloj, nos estábamos perdiendo el eclipse.

La paciencia es la madre de la ciencia y había que confiar. Aunque no había nada que perder y en el peor de los casos, todo quedaría en un buen rato de fotografía nocturna.
Casi terminado el eclipse, pude capturar a esta pareja contemplándolo. Al final la paciencia dio sus frutos.